Los profesionales de la escena quieren recuperar el Instituto del Teatro Asturiano

«A la Administración no le importamos nada», lamenta Toño Caamaño, quien califica de «errática» la política cultural

La Nueva España. J. L. ARGÜELLES
Hacer teatro en Asturias es, al igual que escribir en el Madrid de las desesperaciones de Larra, llorar. Es una de las conclusiones que aportó ayer el debate’bout la situación de la escena en Asturias, uno de los actos organizados dentro del festival cultural L’Arribada, y en el que los profesionales de la escena coincidieron en la necesidad de recuperar el Instituto del Teatro, para dar «coherencia y coordinar» un sector del que dependen 38 compañías.

 El pesimista argumento que desarrollaron en un solo acto los invitados al coloquio fue el corolario a la presentación de «Política teatral pa países fósiles», un trabajo en el que el actor Toño Caamaño, fundador de «Nun Tris», entre otras muchas iniciativas, aplica un afilado escalpelo para analizar la política cultural asturiana (sostiene que no existe, o que, en todo caso, es «errática», cuando no «elitista») y la situación de las artes escénicas. «A la Administración no le importamos nada», manifestó. Indicó que su análisis, continuación de un texto que publicó «La ratonera» en 2006» y que ahora se publica en libro con prólogo de Ignaciu Llope, responde al examen del ciclo gobernado por los socialistas.

Caamaño fue presentado por David M. Rivas, profesor titular de Economía de la Autónoma de Madrid. Éste recordó que el título de Caamaño proviene de una frase de Pedro de Silva, «el único presidente socialista que hubo con la cabeza medianamente amueblada». Es una referencia a la energía fósil del subsuelo astur, pero también a la «fosilización» ambiente. «Hemos pagado mucho por esta chapuza», subrayó Rivas, confeso nacionalista para quien el libro de Caamaño reúne «buenas notas para gobernantes».

El autor de «Política teatral pa países fósiles» calificó de «patético» el sistema de ayudas y criticó la gestión que hizo Mateo Feijoo al frente del teatro de la Laboral. «Hizo una programación foriata y desconectada de la realidad». Hizo resaltar, además, que la industria cultural puesta en marcha con fondos públicos tiene como único objetivo «la proyección hacia el exterior de una imagen puramente turística».

El crítico y responsable del «Anuario del Teatro de Asturias», Boni Ortiz, fue el primero en pedir la recuperación del Instituto del Teatro, tras denunciar que el coliseo de la Laboral costó más de 16 millones. Una petición respaldada por Caamaño, además de por Lluis Antón González, de «Telón de Fondo» y por Roberto Corte, de la revista «La Ratonera».

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