Sánchez-Vicente encarna en una mujer la resistencia astur contra Octavio Augusto

EL COMERCIO. 14-09-08. La escritora presentó ayer en el Antiguo Instituto ‘La diosa contra Roma’, en un acto organizado por L’Arribada
ALBERTO PIQUERO.
Vuelve Pilar Sánchez-Vicente a mirar hacia atrás sin ira -con mucha documentación, creatividad y tres ejes de impulso: Asturias, la historia y el protagonismo de la mujer- en ‘La diosa contra Roma’ (Editorial Roca). Tras ‘Gontrodo, la hija de la Luna’ (KRK, 2005) y mientras ya va avanzando en una próxima obra que nos acercará a la posguerra española, ahora entrega la novela que ayer se presentó en el Antiguo Instituto de Gijón, dentro de L’Arribada. Las peripecias de Imborg, la del cabello de fuego, descendiente de la diosa Arga, hija de Ederia y feroz resistente a la ocupación romana de Octavio Augusto.
Con la tinta en la mano de sus investigaciones para la construcción literaria, no puede dejar de aludir en primer término al conato de debate que se ha establecido a causa de los nuevos yacimientos arqueológicos que dan pie a suponer una mayor romanización de la capital del Principado. «Oviedo será más romano de lo que se sospechaba, no digo que no. También se decía que aquí no había pisado el hombre de Neandertal, y ahí está el Sidrón. Lo que es seguro es que Gijón fue Noega, y que ciertos enfrentamientos son muy graciosos».
Orígenes por descubrir
El asunto permite considerar cuánto y cuál es el rigor con el que se exploran nuestros orígenes, que a juicio de Sánchez-Vicente, «todavía están en gran medida por descubrir y escribir». En su opinión, «escenarios como el de La Carisa, si estuvieran en Suiza, serían parques temáticos; aquí, vamos poco a poco,’cause la financiación es de dos duros y no facilita el uso de técnicas sofisticadas».
En cualquier caso, ella misma se ha auxiliado del acopio documental y arqueológico existente para situar «escenas, generales, batallas o todo lo referido a los ástures». Lo que no impide que la narración también pueda leerse «como una cosmogonía del principio de los tiempos, e Imborg pueda recordar a la diosa Blanca, de Robert Graves».
Que el protagonismo guerrero se encarne en una mujer, lo sitúa en un plano indistinto a si fuera un hombre. Es la guerra, «que duró diez años, más que la de las Galias», el motivo central. Los desastres que relata con espíritu goyesco. Entre ellos, la política militar romana de «cortar las manos a los enemigos, procurar el mayor número de mutilados o capturar esclavos y arrasar».
Imborg pertenece al linaje de las diosas Arga y Ástura, y en ese sentido, «el mito es el que recrean todos los pueblos indígenas». Estaba entonces en juego la Ruta de la Plata, a la que Pilar Sánchez-Vicente, estableciendo paralelismos ucrónicos, asocia con la contemporánea ruta del petróleo. La historia no sólo se repite como caricatura.
Al final de la trama será Imborg quien permanezca inalterable y leal, descendiente del espíritu de las tormentas e interlocutora de las divinidades, ajena al final de todas las historias en las que la espada vence al verbo, aunque sean las palabras y la literatura de la escritora gijonesa quienes hayan puesto el epílogo.
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